miércoles, 2 de febrero de 2011

Mecanismos de regulación del peso

Los humanos como todos los demás animales poseemos unos mecanismos naturales por los que, independiente de la alimentación y su aporte energético regulamos nuestro peso con el fin de mantener un peso ideal. Por ejemplo, miremos a los animales salvajes como siempre mantienen un peso más o menos constante. Podríamos decir que mantienen su figura a pesar de estar en un período de abundancia de alimentos o de escasez relativa. Sólo en casos extremos se puede observar a animales salvajes en condiciones de malnutrición reflejados en su masa corporal pero en ningún caso sobrepeso aun en abundancia. Parece ser que los humanos somos los únicos que tenemos el problema de ir contando calorías para mantener nuestro peso deseado aunque, en esto, hay muchos casos.

Es curioso observar como hay gente que pese a comer en grandes cantidades y encima de comida "basura" y muy calórica y no haciendo ejercicio físico mantienen su peso sin problemas ni preocupaciones. Otros, sin embargo, se las ven y se las desean para bajar gramo a gramo su peso a pesar de seguir rigurosas y restrictivas dietas. Este contraste habitualmente se le hecha en cara a genética pero, en realidad, aunque pueda ser un factor de incidencia no es, para nada, determinante ni allá lejos. Quizás, las personas que siguen una dieta baja en calorías y "equilibrada" y aun así tienen sobrepeso se deba más a una disfunción de los mecanismos reguladores del peso del organismo.

Lo que es indudable es que para perder peso hemos de consumir menos calorías de las que gastamos pero el problema es que no podemos saber cuanta energía gastamos. Y otro problema añadido es que la cantidad de energía necesaria varía con la propia ingesta calórica proporcionalmente en individuos sanos. Es decir, a mayor ingesta de alimentos más energía gastamos y al revés. Este es, en grande, el funcionamiento del mecanismo de control de peso. Con más profundidad, dentro de ese gran mecanismo general pueden diferenciarse la incidencia y actuación de diversas hormonas. El mecanismo más evidente y a la vista es el de la sensación de saciedad. La saciedad inhibe nuestras ganas de continuar alimentándonos y, por tanto, aun en abundancia de alimentos se detiene la ingesta de éstos. Una de las hormonas responsables de la saciedad es la ghrelina [1]. El descenso de los niveles de esta hormona en sangre causa saciedad. La ingesta de proteína es el factor más importante en la reducción de la ghrelina, más que los HC y las grasas apenas la bajan [2]. La insulina también se correlación proporcionalmente con la sensación de saciedad [3] y como sabemos es activada por la subida de la glucemia, hecho inherente a la ingesta de HC. La otra hormona en "juego" es la leptina. Ésta se activa en proporción a la cantidad de tejido adiposo [4, 5]. Es curioso como una dieta alta en grasa no activa, sin embargo, la producción de leptina [6]. La primera conclusión a simple vista es que una dieta alta en proteína en la más adecuada para producir saciedad. Pero los mecanismos no acaban ni mucho menos ahí. La leptina tiene más funciones además de incrementar la sensación de saciedad conforme la masa grasa aumenta. Además de este afecto, la leptina induce un incremento de la termogénesis [7], esto es, la actividad metabólica no inducida por el ejercicio físico (NEAT) que se traduce en un incremento de la tasa metabólica y el gasto energético. De tal manera, puede explicarse que con este una alta NEAT una persona sobrealimentada no engorde o engorde menos que otra con una termogénesis menor. La NEAT es, digamos, la resistencia del cuerpo a ganar peso persiguiendo el equilibrio, la homoestasis.

En resumen, la NEAT y la sensación de saciedad son los mecanismo del cuerpo para controlar el peso y su funcionamiento busca la homoestasis, de esta manera, a mayor aporte calórico por la dieta, mayor gasto por incremento del NEAT y a menor aporte calórico, menor gasto por descenso de la termogénesis. Y la sensación de la saciedad mediante un mecanismo homónimo. Ahora bien, aquí he explicado como hay gente que mantiene un buen peso pese a comer poco o comer mucho pero no como hay casos, demasiados por desgracia de gente con una ingesta moderada o baja de energía y con sobrepeso o viceversa sin tener ninguna enfermedad pues una tendencia a ganar peso se podría explicar con una disfunción de la glándula tiroidea, hipotiroidismo [8] o, a la inversa, una tendencia a perder peso por un hipertiroidismo [9]. Pero en ausencia de los relativamente frecuentes problemas tiroideos casos como los anteriores pueden tener origen en un desequilibrio en los mecanismos de control del peso, por tanto, déficit o exceso indebido o resistencia (disminución de los receptores tisulares) a las hormonas implicadas en la regulación del peso.

Los problemas en el mecanismo (síndrome metabólico) que nos ocupa explicar son acusados por la resistencia a la insulina (disminución del efecto de la insulina) o hiperinsulinismo, resistencia a la leptina [10], hiperglicemia (cantidad de glucosa plasmática superior al rango en ayuno) y dislipidemia. Si los efectos de saciedad e incremento o disminución del NEAT no se producen por una ineficacia de estas hormonas, se puede producir una tendencia tanto a ganar como a perder peso no controlable y que, con el tiempo, puede llegar a resultar patológica aunque este tema lo trataré en más profundidad en artículos posteriores.

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